Colombia national football team derrotó a Uzbekistán 1-0 el 2026-06-18.
¿Qué sucedió?
La estrella de Uzbekistán, Abdukodir Khusanov, dejó su marca en el partido con una jugada agresiva que derribó a Luis Díaz.
¿Por qué es importante para Colombia national football team?
El seleccionador de Uzbekistán, Fabio Cannavaro, se encomienda al joven defensor Khusanov para frenar a Portugal.
El italiano de 52 años, venía de sumar experiencia en banquillos del fútbol chino cuando recibió una oferta que no pudo rechazar.
¿Qué viene después?
Colombia national football team se prepara para enfrentar a Congo DR el 2026-06-24 en casa. | Fecha | Oponente | Lugar | | --- | --- | --- | | 2026-06-24 | Congo DR | Casa | Luis Díaz corrió hacia el balón como si fuera el último balón. No se dejó intimidar por el viento frío que empujaba el huracán.
¿Quién es Khusanov?
Khusanov se crió en Tashkent, la ciudad en la que nació en 2004. Con 18 años dejó el Bunyodkor y emigró al Energetik de Bielorusia. Un temporada después fichó por el Lens por 100.000 euros. Sus compañeros se quedaron perplejos. Comenzaron a llamarle Le Monstre. Era como jugar con una valla electrificada. Chocar con él equivalía a sufrir una descarga. Duro, firmemente clavado en el suelo como si echara raíces, resultaba difícil de mover y aun más complicado de sobrepasar en carrera. Adrien Thomasson, colega del Le Monstre, se refirió a él como un defensor agresivo y decidido. Cannavaro debió admirarse. Así era Cannavaro cuando ganó el Mundial en 2006. Probablemente, el mejor central de su generación. Así es Abdukodir Khusanov. Un modo de entender la defensa que trasciende el paradigma del central que maneja la pelota e inicia las jugadas con finura bonucciana. Khusanov representa un regreso al origen. Es el bárbaro Hulshoff del Ajax de Michels. Es el Nando y el Chapi del Barça de Cruyff. Es el Puyol del Barça de Messi. Es el zaguero central que eligió Pep Guardiola cuando, angustiado por el agujero que no lograban cerrar Akanji y a Aké, se percató de que la única manera de sostener al Manchester City en las transiciones defensivas era sumando un defensa que sintiera la marca con la voracidad de los desesperados. "Me gusta porque nunca se rinde", dijo Cannavaro del joven que entrena desde que en octubre de 2025 la federación de Uzbekistán le llamó para que se hiciera cargo de la selección. El italiano de 52 años, venía de sumar experiencia en banquillos del fútbol chino cuando recibió una oferta que no pudo rechazar. Llegó con el trabajo hecho. Su predecesor, Timur Kapadze, acababa de clasificar al equipo para un Mundial por primera vez en la historia del país. Solo por conducir a Uzbekistán en la fase final le pagan dos millones de euros. Hay equipos que se construyen desde el goleador. Otros, desde un centrocampista fundamental. Y otros crecen desde la defensa. El Uzbekistán que heredó Cannavaro fue un castillo que se cimentó sobre la roca de Khuzanov. Hijo de Hikmat Hashimov, que fue centrocampista en el Mettallurg Bekabad, internacional por Uzbekistán en 13 ocasiones, Khuzanov se crió en Tashkent, la ciudad en la que nació en 2004. Con 18 años dejó el Bunyodkor y emigró al Energetik de Bielorusia. Una temporada después fichó por el Lens por 100.000 euros. Sus compañeros se quedaron perplejos. Comenzaron a llamarle Le Monstre. Era como jugar con una valla electrificada. Chocar con él equivalía a sufrir una descarga. Duro, firmemente clavado en el suelo como si echara raíces, resultaba difícil de mover y aun más complicado de sobrepasar en carrera. Adrien Thomasson, colega del Le Monstre, se refirió a él como un defensor agresivo y decidido. Cannavaro debió admirarse. Así era Cannavaro cuando ganó el Mundial en 2006. Probablemente, el mejor central de su generación. Así es Abdukodir Khusanov. Un modo de entender la defensa que trasciende el paradigma del central que maneja la pelota e inicia las jugadas con finura bonucciana. Khusanov representa un regreso al origen. Es el bárbaro Hulshoff del Ajax de Michels. Es el Nando y el Chapi del Barça de Cruyff. Es el Puyol del Barça de Messi. Es el zaguero central que eligió Pep Guardiola cuando, angustiado por el agujero que no lograban cerrar Akanji y a Aké, se percató de que la única manera de sostener al Manchester City en las transiciones defensivas era sumando un defensa que sintiera la marca con la voracidad de los desesperados. "Me gusta porque nunca se rinde", dijo Cannavaro del joven que entrena desde que en octubre de 2025 la federación de Uzbekistán le llamó para que se hiciera cargo de la selección. El italiano de 52 años, venía de sumar experiencia en banquillos del fútbol chino cuando recibió una oferta que no pudo rechazar. Llegó con el trabajo hecho. Su predecesor, Timur Kapadze, acababa de clasificar al equipo para un Mundial por primera vez en la historia del país. Solo por conducir a Uzbekistán en la fase final le pagan dos millones de euros. Hay equipos que se construyen desde el goleador. Otros, desde un centrocampista fundamental. Y otros crecen desde la defensa. El Uzbekistán que heredó Cannavaro fue un castillo que se cimentó sobre la roca de Khuzanov. Hijo de Hikmat Hashimov, que fue centrocampista en el Mettallurg Bekabad, internacional por Uzbekistán en 13 ocasiones, Khuzanov se crió en Tashkent, la ciudad en la que nació en 2004. Con 18 años dejó el Bunyodkor y emigró al Energetik de Bielorusia. Una temporada después fichó por el Lens por 100.000 euros. Sus compañeros se quedaron perplejos. Comenzaron a llamarle Le Monstre. Era como jugar con una valla electrificada. Chocar con él equivalía a sufrir una descarga. Duro, firmemente clavado en el suelo como si echara raíces, resultaba difícil de mover y aun más complicado de sobrepasar en carrera. Adrien Thomasson, colega del Le Monstre, se refirió a él como un defensor agresivo y decidido. Cannavaro debió admirarse. Así era Cannavaro cuando ganó el Mundial en 2006. Probablemente, el mejor central de su generación. Así es Abdukodir Khusanov. Un modo de entender la defensa que trasciende el paradigma del central que maneja la pelota e inicia las jugadas con finura bonucciana. Khusanov representa un regreso al origen. Es el bárbaro Hulshoff del Ajax de Michels. Es el Nando y el Chapi del Barça de Cruyff. Es el Puyol del Barça de Messi. Es el zaguero central que eligió Pep Guardiola cuando, angustiado por el agujero que no lograban cerrar Akanji y a Aké, se percató de que la única manera de sostener al Manchester City en las transiciones defensivas era sumando un defensa que sintiera la marca con la voracidad de los desesperados. "Me gusta porque nunca se rinde", dijo Cannavaro del joven que entrena desde que en octubre de 2025 la federación de Uzbekistán le llamó para que se hiciera cargo de la selección. El italiano de 52 años, venía de sumar experiencia en banquillos del fútbol chino cuando recibió una oferta que no pudo rechazar. Llegó con el trabajo hecho. Su predecesor, Timur Kapadze, acababa de clasificar al equipo para un Mundial por primera vez en la historia del país. Solo por conducir a Uzbekistán en la fase final le pagan dos millones de euros. Hay equipos que se construyen desde el goleador. Otros, desde un centrocampista fundamental. Y otros crecen desde la defensa. El Uzbekistán que heredó Cannavaro fue un castillo que se cimentó sobre la roca de Khuzanov. Hijo de Hikmat Hashimov, que fue centrocampista en el Mettallurg Bekabad, internacional por Uzbekistán en 13 ocasiones, Khuzanov se crió en Tashkent, la ciudad en la que nació en 2004. Con 18 años dejó el Bunyodkor y emigró al Energetik de Bielorusia. Una temporada después fichó por el Lens por 100.000 euros. Sus compañeros se quedaron perplejos. Comenzaron a llamarle Le Monstre. Era como jugar con una valla electrificada. Chocar con él equivalía a sufrir una descarga. Duro, firmemente clavado en el suelo como si echara raíces, resultaba difícil de mover y aun más complicado de sobrepasar en carrera. Adrien Thomasson, colega del Le Monstre, se refirió a él como un defensor agresivo y decidido. Cannavaro debió admirarse. Así era Cannavaro cuando ganó el Mundial en 2006. Probablemente, el mejor central de su generación. Así es Abdukodir Khusanov. Un modo de entender la defensa que trasciende el paradigma del central que maneja la pelota e inicia las jugadas con finura bonucciana. Khusanov representa un regreso al origen. Es el bárbaro Hulshoff del Ajax de Michels. Es el Nando y el Chapi del Barça de Cruyff. Es el Puyol del Barça de Messi. Es el zaguero central que eligió Pep Guardiola cuando, angustiado por el agujero que no lograban cerrar Akanji y a Aké, se percató de que la única manera de sostener al Manchester City en las transiciones defensivas era sumando un defensa que sintiera la marca con la voracidad de los desesperados. "Me gusta porque nunca se rinde", dijo Cannavaro del joven que entrena desde que en octubre de 2025 la federación de Uzbekistán le llamó para que se hiciera cargo de la selección. El italiano de 52 años, venía de sumar experiencia en banquillos del fútbol chino cuando recibió una oferta que no pudo rechazar. Llegó con el trabajo hecho. Su predecesor, Timur Kapadze, acababa de clasificar al equipo para un Mundial por primera vez en la historia del país. Solo por conducir a Uzbekistán en la fase final le pagan dos millones de euros. Hay equipos que se construyen desde el goleador. Otros, desde un centrocampista fundamental. Y otros crecen desde la defensa. El Uzbekistán que heredó Cannavaro fue un castillo que se cimentó sobre la roca de Khuzanov. Hijo de Hikmat Hashimov, que fue centrocampista en el Mettallurg Bekabad, internacional por Uzbekistán en 13 ocasiones, Khuzanov se crió en Tashkent, la ciudad en la que nació en 2004. Con 18 años dejó el Bunyodkor y emigró al Energetik de Bielorusia. Una temporada después fichó por el Lens por 100.000 euros. Sus compañeros se quedaron perplejos. Comenzaron a llamarle Le Monstre. Era como jugar con una valla electrificada. Chocar con él equivalía a sufrir una descarga. Duro, firmemente clavado en el suelo como si echara raíces, resultaba difícil de mover y aun más complicado de sobrepasar en carrera. Adrien Thomasson, colega del Le Monstre, se refirió a él como un defensor agresivo y decidido. Cannavaro debió admirarse. Así era Cannavaro cuando ganó el Mundial en 2006. Probablemente, el mejor central de su generación. Así es Abdukodir Khusanov. Un modo de entender la defensa que trasciende el paradigma del central que maneja la pelota e inicia las jugadas con finura bonucciana. Khusanov representa un regreso al origen. Es el bárbaro Hulshoff del Ajax de Michels. Es el Nando y el Chapi del Barça de Cruyff. Es el Puyol del Barça de Messi. Es el zaguero central que eligió Pep Guardiola cuando, angustiado por el agujero que no lograban cerrar Akanji y a Aké, se percató de que la única manera de sostener al Manchester City en las transiciones defensivas era sumando un defensa que sintiera la marca con la voracidad de los desesperados. "Me gusta porque nunca se rinde", dijo Cannavaro del joven que entrena desde que en octubre de 2025 la federación de Uzbekistán le llamó para que se hiciera cargo de la selección. El italiano de 52 años, venía de sumar experiencia en banquillos del fútbol chino cuando recibió una oferta que no pudo rechazar. Llegó con el trabajo hecho. Su predecesor, Timur Kapadze, acababa de clasificar al equipo para un Mundial por primera vez en la historia del país. Solo por conducir a Uzbekistán en la fase final le pagan dos millones de euros. Hay equipos que se construyen desde el goleador. Otros, desde un centrocampista fundamental. Y otros crecen desde la defensa. El Uzbekistán que heredó Cannavaro fue un castillo que se cimentó sobre la roca de Khuzanov. Hijo de Hikmat Hashimov, que fue centrocampista en el Mettallurg Bekabad, internacional por Uzbekistán en 13 ocasiones, Khuzanov se crió en Tashkent, la ciudad en la que nació en 2004. Con 18 años dejó el Bunyodkor y emigró al Energetik de Bielorusia. Una temporada después fichó por el Lens por 100.000 euros. Sus compañeros se quedaron perplejos. Comenzaron a llamarle Le Monstre. Era como jugar con una valla electrificada. Chocar con él equivalía a sufrir una descarga. Duro, firmemente clavado en el suelo como si echara raíces, resultaba difícil de mover y aun más complicado de sobrepasar en carrera. Adrien Thomasson, colega del Le Monstre, se refirió a él como un defensor agresivo y decidido. Cannavaro debió admirarse. Así era Cannavaro cuando ganó el Mundial en 2006. Probablemente, el mejor central de su generación. Así es Abdukodir Khusanov. Un modo de entender la defensa que trasciende el paradigma del central que maneja la pelota e inicia las jugadas con finura bonucciana. Khusanov representa un regreso al origen. Es el bárbaro Hulshoff del Ajax de Michels. Es el Nando y el Chapi del Barça de Cruyff. Es el Puyol del Barça de Messi. Es el zaguero central que eligió Pep Guardiola cuando, angustiado por el agujero que no lograban cerrar Akanji y a Aké, se percató de que la única manera de sostener al Manchester City en las transiciones defensivas era sumando un defensa que sintiera la marca con la voracidad de los desesperados. "Me gusta porque nunca se rinde", dijo Cannavaro del joven que entrena desde que en octubre de 2025 la federación de Uzbekistán le llamó para que se hiciera cargo de la selección. El italiano de 52 años, venía de sumar experiencia en banquillos del fútbol chino cuando recibió una oferta que no pudo rechazar. Llegó con el trabajo hecho. Su predecesor, Timur Kapadze, acababa de clasificar al equipo para un Mundial por primera vez en la historia del país. Solo por conducir a Uzbekistán en la fase final le pagan dos millones de euros. Hay equipos que se construyen desde el goleador. Otros, desde un centrocampista fundamental. Y otros crecen desde la defensa. El Uzbekistán que heredó Cannavaro fue un castillo que se cimentó sobre la roca de Khuzanov. Hijo de Hikmat Hashimov, que fue centrocampista en el Mettallurg Bekabad, internacional por Uzbekistán en 13 ocasiones, Khuzanov se crió en Tashkent, la ciudad en la que nació en 2004. Con 18 años dejó el Bunyodkor y emigró al Energetik de Bielorusia. Una temporada después fichó por el Lens por 100.000 euros. Sus compañeros se quedaron perplejos. Comenzaron a llamarle Le Monstre. Era como jugar con una valla electrificada. Chocar con él equivalía a sufrir una descarga. Duro, firmemente clavado en el suelo como si echara raíces, resultaba difícil de mover y aun más complicado de sobrepasar en carrera. Adrien Thomasson, colega del Le Monstre, se refirió a él como un defensor agresivo y decidido. Cannavaro debió admirarse. Así era Cannavaro cuando ganó el Mundial en 2006. Probablemente, el mejor central de su generación. Así es Abdukodir Khusanov. Un modo de entender la defensa que trasciende el paradigma del central que maneja la pelota e inicia las jugadas con finura bonucciana. Khusanov representa un regreso al origen. Es el bárbaro Hulshoff del Ajax de Michels. Es el Nando y el Chapi del Barça de Cruyff. Es el Puyol del Barça de Messi. Es el zaguero central que eligió Pep Guardiola cuando, angustiado por el agujero que no lograban cerrar Akanji y a Aké, se percató de que la única manera de sostener al Manchester City en las transiciones defensivas era sumando un defensa que sintiera la marca con la voracidad de los desesperados. "Me gusta porque nunca se rinde", dijo Cannavaro del joven que entrena desde que en octubre de 2025 la federación de Uzbekistán le llamó para que se hiciera cargo de la selección. El italiano de 52 años, venía de sumar experiencia en banquillos del fútbol chino cuando recibió una oferta que no pudo rechazar. Llegó con el trabajo hecho. Su predecesor, Timur Kapadze, acababa de clasificar al equipo para un Mundial por primera vez en la historia del país. Solo por conducir a Uzbekistán en la fase final le pagan dos millones de euros. Hay equipos que se construyen desde el goleador. Otros, desde un centrocampista fundamental. Y otros crecen desde la defensa. El Uzbekistán que heredó Cannavaro fue un castillo que se cimentó sobre la roca de Khuzanov. Hijo de Hikmat Hashimov, que fue centrocampista en el Mettallurg Bekabad, internacional por Uzbekistán en 13 ocasiones, Khuzanov se crió en Tashkent, la ciudad en la que nació en 2004. Con 18 años dejó el Bunyodkor y emigró al Energetik de Bielorusia. Una temporada después fichó por el Lens por 100.000 euros. Sus compañeros se quedaron perplejos. Comenzaron a llamarle Le Monstre. Era como jugar con una valla electrificada. Chocar con él equivalía a sufrir una descarga. Duro, firmemente clavado en el suelo como si echara raíces, resultaba difícil de mover y aun más complicado de sobrepasar en carrera. Adrien Thomasson, colega del Le Monstre, se refirió a él como un defensor agresivo y decidido. Cannavaro debió admirarse. Así era Cannavaro cuando ganó el Mundial en 2006. Probablemente, el mejor central de su generación. Así es Abdukodir Khusanov. Un modo de entender la defensa que trasciende el paradigma del central que maneja la pelota e inicia las jugadas con finura bonucciana. Khusanov representa un regreso al origen. Es el bárbaro Hulshoff del Ajax de Michels. Es el Nando y el Chapi del Barça de Cruyff. Es el Puyol del Barça de Messi. Es el zaguero central que eligió Pep Guardiola cuando, angustiado por el agujero que no lograban cerrar Akanji y a Aké, se percató de que la única manera de sostener al Manchester City en las transiciones defensivas era sumando un defensa que sintiera la marca con la voracidad de los desesperados. "Me gusta porque nunca se rinde", dijo Cannavaro del joven que entrena desde que en octubre de 2025 la federación de Uzbekistán le llamó para que se hiciera cargo de la selección. El italiano de 52 años, venía de sumar experiencia en banquillos del fútbol chino cuando recibió una oferta que no pudo rechazar. Llegó con el trabajo hecho. Su predecesor, Timur Kapadze, acababa de clasificar al equipo para un Mundial por primera vez en la historia del país. Solo por conducir a Uzbekistán en la fase final le pagan dos millones de euros. Hay equipos que se construyen desde el goleador. Otros, desde un centrocampista fundamental. Y otros crecen desde la defensa. El Uzbekistán que heredó Cannavaro fue un castillo que se cimentó sobre la roca de Khuzanov. Hijo de Hikmat Hashimov, que fue centrocampista en el Mettallurg Bekabad, internacional por Uzbekistán en 13 ocasiones, Khuzanov se crió en Tashkent, la ciudad en la que nació en 2004. Con 18 años dejó el Bunyodkor y emigró al Energetik de Bielorusia. Una temporada después fichó por el Lens por 100.000 euros. Sus compañeros se quedaron perplejos. Comenzaron a llamarle Le Monstre. Era como jugar con una valla electrificada. Chocar con él equivalía a sufrir una descarga. Duro, firmemente clavado en el suelo como si echara raíces, resultaba difícil de mover y aun más complicado de sobrepasar en carrera. Adrien Thomasson, colega del Le Monstre, se refirió a él como un defensor agresivo y decidido. Cannavaro debió admirarse. Así era Cannavaro cuando ganó el Mundial en 2006. Probablemente, el mejor central de su generación. Así es Abdukodir Khusanov. Un modo de entender la defensa que trasciende el paradigma del central que maneja la pelota e inicia las jugadas con finura bonucciana. Khusanov representa un regreso al origen. Es el bárbaro Hulshoff del Ajax de Michels. Es el Nando y el Chapi del Barça de Cruyff. Es el Puyol del Barça de Messi. Es el zaguero central que eligió Pep Guardiola cuando, angustiado por el agujero que no lograban cerrar Akanji y a Aké, se percató de que la única manera de sostener al Manchester City en las transiciones defensivas era sumando un defensa que sintiera la marca con la voracidad de los desesper
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